tres acercamientos a mi universo particular...

1/3 autorretrato 

Soy yo… es decir, lo que ven en esta página soy yo… o buena parte de mí. Hasta donde alcanza mi memoria, me veo sujetando un martillo y una lija de madera que me regaló mi padre para que trasteara en el taller de casa; de allí mi pasión por los trasteros y los talleres. Mi afición al bricolaje me llevó de una manera sutil, y yo sin apenas sospecharlo, hasta una dimensión artística en la que el producto de mis horas muertas cobraba una vida que no supe ni nombrar (bautizar) en un primer momento. ¿Esto qué es? me preguntaban, y yo sin saber qué contestar, hasta que un buen día escuché que la gente las llamaba “esculturas”.

Mi andadura artística me ha llevado a desenvolverme, casi como un extraño, en un universo hoy denominado plurilateralmente “Reciclarte”, “Basurama” etc., aunque me sigue costando identificarme con una corriente o formación artística concreta.

Creo que asalta la vista del espectador el profundo respeto que siento por la artesanía en todas sus apariciones. Homenajeo en todas mis obras los oficios, tanto industriales como rurales, mediante la puesta en escena de herramientas y objetos recogidos en los lugares más recónditos comprendidos entre París y Madrid.

La creación original que surge entonces (insisto en ese aspecto) nace de la fusión de lo artesano [como origen] con lo artístico [como destino] y pretende aportar una visión dinámica y cíclica de la vida de “las cosas” (perspectiva poco alentadora en un mundo consumista que acelera cada día más el proceso/camino que va de la tienda hasta el cubo de basura).

Los personajes que habitan mi Trastero cuentan, al oído amigo, todo tipo de historias extraídas de mi sentir, más que de mi pensar. Lo cotidiano es festejado como el escenario privilegiado para situaciones tan calurosas como un abrazo o tan trágicas como la incomunicación de una pareja rota. Los dioses y monstruos también habitan mis sueños e irrumpen a menudo en mi banco de operaciones, aunque el individuo humanoide siempre tendrá prevalencia en mis creaciones.

Te invito ávidamente a deambular por mi Galería/Mundo y ojalá vivas el paso/peso del tiempo, impregnado en cada uno de mis compañeros de viaje.

 

YAGO / 2014

2/3 re-usos y objetos re-compuestos

Los museos exponen a veces obras re-usadas, piezas antiguas de gran valor artístico e histórico, habiendo pertenecido algunas a coleccionistas de renombre, que son distinguidas con el calificativo de re-usadas por haber sufrido, a lo largo de su longeva existencia, modificaciones y transformaciones, por supresión de elementos de origen o adición de elementos nuevos.

Maltratadas por el tiempo, fueron restauradas toscamente con complementos a menudo inadecuados. Martirizadas durante las guerras, estas piezas han pasado de mano en mano en función de cuestiones políticas, religiosas o simbólicas, que se traducía en uno o varios cambios en el objeto original.

Estos “reusos”, aparecen hoy ante nosotros como los frutos felices o inesperados de las obras originales pero a veces también como los hijos bastardos que perdieron su función y uso originales.

Hoy en día, el reuso permanece todavía, pero se inscribe en otro marco sociológico y también en un contexto artístico nuevo.

Nuestro mundo actual, guiado por un consumismo desenfrenado, ha topado con inmensos desfiles de objetos fabricados, usados, transformados y desechados, aplastados, quemados destruidos o enterrados. Estas comitivas fueron creadas por los consumidores, quienes, delante de sus propias pertenencias, constataron: ¡ya no funcionan! ¡son inútiles! ¡pasaron de moda!, para sentenciar después: ¡a la basura!

Nos encontramos también con otros consumidores, que investigan lo creativo y contemplan estos objetos ordinarios y corrientes como los puntos de partida de tantos procesos de reuso.

Varias acciones y herramientas se apilan en la mente del creador: cortar, taladrar, serrar, agujerear, amartillar, lijar, soldar, ensamblar, encolar, clavar, juntar. Todas ellas configuran la variante moderna del “reuso”.

El artista, aprendiz de mago, regala a sus objetos, cuyo fin estaba anunciado, un nuevo volumen, una nueva función, un nuevo destino. Terminado el proceso creativo, es un nuevo ciclo de vida que arranca para el objeto recompuesto. Pasará a provocar en los espectadores mezclas de reflexiones  desordenadas, evocaciones inesperadas y emociones reales.

 

B J-F / 2009RE-USOS Y OBJETOS RECOMPUESTOS

3/3 la botella rota

Se me ha pedido una opinión y voy a darla. Asunto delicado, primero por ser acerca de lo que hace un amigo, segundo porque la actividad en cuestión se encuadra dentro de aquello que algunos rápidamente califican de arte, o de artesanía o de quien sabe qué…

Yo no voy a calificar, de momento, lo que hace Yago, es más, tampoco pretenderé describirlo. Intentaré, simplemente, decir, lo que pensé o sentí al observar su trabajo y esto no es otra cosa que “La botella rota”.

Pasaré a explicarme: “La botella rota”, no es para mí más que un recuerdo, un recuerdo lejano de cuando yo debía andar por los 6 años (52 han pasado desde entonces); ese día yo estaba malo, con fiebre de anginas y la radio emitía un cuento del que no recuerdo el título y apenas el contenido.

El personaje del cuento era una botella de buena factura, destinada a contener un buen vino, quizás algún renombrado espumoso francés. Mientras la dichosa botella contenía el preciado líquido se ufanaba delante de otras compañeras, a las que menospreciaba por albergar contenidos más modestos.

Pero todo acaba y  la fiesta también, y con ella los líquidos, de modo que el cubo de la basura igualó a todas las botellas sin distinción de lo que momentos antes contenían. Nunca entendió nuestra botella su destino posterior, de anaquel en anaquel conteniendo ya aceite, ya vinagre, ella que había recibido tantos mimos, tan aristocrática, tan…

Con tantas idas y venidas acabó cayendo de un estante y sus restos fueron a parar al vertedero donde ya veía cercano el fin de sus días. Mientras recordaba su pasado sintió que una mano infantil  alzaba  su gollete que, como todo el mundo sabe es la parte pensante de todas las botellas.

Golpeándolo con una piedra al tiempo que lo limaba con otra, uniformó y suavizó el contorno de sus cicatrices. Ella no entendía nada, y menos cuando, en su boca, colocó un tapón de corcho y la llenó de agua. Después la introdujo en una jaula habitada por un jilguero que ávido fue a beber.

Entonces comprendió que sin dejar de ser ella misma, día tras día, se convertiría en el cómplice necesario para que el pájaro, después de beber, alegrase con su canto la calle estrecha de un barrio castizo y popular porque sólo el pueblo castizo vive en calles estrechas y cuelga jilgueros en sus balcones.

Jamás volví a escuchar ese cuento, los trastos de Yago lo trajeron a mi memoria y hoy con los retales del recuerdo lo reinvento.

Que importa donde queramos encuadrar el trabajo de Yago. Desde luego nada tiene que ver con el bricolaje, ni siquiera con la artesanía con la que puede, quizás, compartir los medios, pero no el concepto. De lo que no cabe duda es del proceso creativo, de su originalidad, y de su estética.

Me parece suficiente la magia de poder otorgar a los objetos (cadáveres en su función primigenia exiliados del uso para el que fueron concebidos) esa segunda oportunidad que todos, al menos en un momento, hubiéramos deseado. Además, conservar su identidad, el recuerdo de aquello que fueron, eso me parece simplemente maravilloso. Que sea arte o no, es, en este caso, una conjetura intelectual superficial, frívola e innecesaria. 

 

ANSELMO LANZAS ALAMÍN / 2010

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